érase una vez
Yo vi, una vez, un rayo de sol
Ancrugon – Mayo 2011 –
Todos
heredamos el mundo que nos dejan nuestros mayores, con sus virtudes y
sus defectos, y nosotros lo dejaremos de herencia a quienes nos sucedan…
Es ley de vida. Por ello es importante saber respetar lo que nos ceden y
mejorar lo mejorable y no estropear lo que es bueno… ¡Qué difícil!...
En
el transcurso de la historia de la humanidad se han hecho grandes
avances y se han descubierto o inventado cosas increíbles hasta hace
poco tiempo.
La ciencia nos ayuda a comprender la naturaleza de la cual, no nos
olvidemos, formamos parte, y la tecnología nos permite transformarla a
nuestra conveniencia… Pero estas herramientas que la
inteligencia humana ha creado deben ir acompañadas de una evolución
moral y ética en las conciencias de las personas, de lo contrario, el
mundo que tenemos en nuestras manos llegará a ser un lugar
desagradable y esquivo para la vida.
Este
es el tema del cuento que ahora os presentamos, el cual fue escrito
para los alumnos de tercero de ESO del Instituto de Jérica – Viver
(Castellón
– España). Se presentó en una charla coloquio en el mismo centro el 15
de abril de 2011 y durante ella se llevó a cabo una representación
dramática basada en el mismo.
YO VI, UNA VEZ, UN RAYO DE SOL, de Ancrugon

En
la calle la luz es tenue, como corresponde a la hora, luego se vuelve
más intensa y por la tarde se va apagando hasta que
llega la oscuridad, sólo en la cúpula, claro, porque en las noches,
millones de luces multicolores de millones de carteles, anuncios,
pantallas gigantes, etc. destruyen por completo las posibles
tinieblas. Pero ahora, como todas las mañanas, es una luz de amanecer,
blanda y fresca, aunque la temperatura nunca oscila más allá de una
diferencia de cinco grados entre la más baja y la más alta.
Miras hacia arriba, siempre lo haces, aunque sabes que no verás nada,
sólo luz y las fachadas de los enormes edificios como gigantescos
espejos. Por la calzada se adivinan miles de vehículos, más por
el zumbido constante que por las escurridizas estelas de sus figuras y
colores... Para cruzar están los pasos, subterráneos o aéreos, por donde
un río interminable de personas como mariposas de
vistosos colores, pululan de un lado para otro. Los anuncios
interactivos te invitan, cuando pasas ante ellos, a obtener, por un
módico precio, los maravillosos manjares de lo último en informática,
en juegos, en ropa, en perfumes... todo aderezado por una música
sugerente y unas imágenes atrayentes, donde todo es felicidad y alegría,
lo cual contrasta con la seriedad en los rostros,
concentrados en sus propios pensamientos, indiferentes a todo lo que les
rodea, porque , a fin de cuentas, siempre todo es igual.


Cuando
llegas ante la puerta de tu clase, te detienes frente al escáner ocular
que lee tu identidad correcta y ordena
abrirse a la cerradura de seguridad. De nuevo una voz amable te recibe
dentro de una habitación adecuadamente iluminada y con la temperatura
exacta: “Buenos días, señora profesora”. No te molestas en
responder al ordenador central, él no va a enfadarse... Te diriges a tu
asiento ergonómico, desde donde presides cuatro filas de seis sillones
cada una, no mucho menos sofisticados aunque menos
imponentes, pues hay que guardar las distancias y la posición... Una
melodía de moda informa a los estudiantes que es la hora de comenzar las
clases. y oleadas de voces y risas inundan el aula antes
silenciosa. Tú ordenas con pretendida seguridad: “Por favor, guardemos
silencio y ocupemos nuestros lugares.”
Mientras
los alumnos se van haciendo a la idea, tú miras alrededor y observas
las imágenes tantas veces soñadas que cuelgan
de las paredes: bosques, montañas nevadas, verdes prados adornados de
flores, ríos cristalinos, mares bravos y espumosos, animales de todas
las especies pululando por doquier, grandes y pequeños,
pacíficos o terribles... y todo coronado por un cielo de un azul
imposible moteado, de vez en cuando, de nubes blancas o grises e inflado
de vida por la luz de un sol que se supone su existencia,
pero que nadie hace siglos ve. Sin poder evitarlo, se te escapa un
suspiro...

En
aquel preciso momento, en el mayor de los secretos, varias naves
espaciales despegan desde la cúpula uniforme que
envuelve el planeta, con la orden gubernamental de buscar
desesperadamente otros mundos donde la vida sea algo espontáneo, sólo
manipulada por la luz de una cálida estrella y acariciada por el viento
natural bajo un cielo azul.
Castellnovo febrero 2011